jueves, 15 de mayo de 2014

La leyenda negra de BRUNO AMADIO


El historiador norteamericano William S. Maltby escribió
Quizás la leyenda negra no constituya un punto de vista legítimo o justificable, pero es 
necesario recordar que es una leyenda y no un mito. Nació, como todas las leyendas, de 
hechos reales y estos no pueden ser ignorados.

BRUNO AMADIO nació en Venecia, Italia, el 15 de enero de 1911



Fue pintor y estudió las artes plásticas de manera academicista, aunque posteriormente desarrollaría una técnica, pincelada y estilo propios. Se dice que en su juventud se adhirió 
al Fascismo. 
Además entabló una relación con los artistas plásticos futuristas, liderados por 
Filippo Tommaso Marinetti. 



Durante esta época artística, Amadio pintó un cuadro que retrata a una bella y airosa 
mujer disparando una flecha con un arco, qué según algunos datos obtenidos, pudo ser 
pintado en 1941



Amadio también pintó bodegones de estilo academicista. Éstas obras incluyen una serie 
de bodegones de tipo figurativo realista, con cierto estilo del siglo XVII, en las que los 
contrastes de luz y los sfumatos en sombras dan una idea de la posible formación original académica del artista.




Al parecer, Bruno Amadio fue movilizado como soldado en el Ejército italiano durante 
la Segunda Guerra Mundial. Fue durante ésta experiencia cuando vio el sufrimiento de 
los niños de diversas aldeas y ciudades a causa del conflicto. Ésta angustiosa imagen 
hendiría la sensibilidad del artista y marcaría posteriormente de forma significativa su obra.

Al finalizar la guerra, Amadio se traslada a vivir a España; primero a Sevilla, donde pasa 
varios años de su vida y más tarde a Madrid, donde se le pierde totalmente el rastro.
Fue en ésta época comenzó a pintar los cuadros malditos, la serie a la que llamó 
“Los niños llorones”.




Cuenta la historia que Bruno Amadio pintó un total de 27 cuadros en esta serie y que todos 
los niños vivían en orfanatos o casas de beneficencia.



En dichos cuadros, Giovanni Bragolin, pues con este nombre firmaba sus trabajos, 
pretendía mostrar el horror de la guerra en las lágrimas de esos niños desdichados 
y huérfanos, símbolo más que gráfico de las desgracias que dejaba el conflicto bélico 
allí por donde pasaba.



Al igual que su vida, la leyenda que le acompaña también tiene un origen incierto. 
Según cuenta la versión más extendida, Bruno Amadio, harto de ser un pintor poco 
reconocido, pactó con el diablo para poder tener la fama y el reconocimiento que se 
merecía.  
La cuestión es que, de la noche a la mañana, sus cuadros se hicieron muy populares 
y a mediados de los 60\70 eran un tesoro preciado del que se hacían cientos de 
reproducciones.
Teniendo una amplia comercialización en numerosos países del mundo, sobre todo 
durante la década de 1970 y 1980.

En algún lugar debió de ocurrir un incendio en el que lo único que se salvó fue el cuadro 
del niño llorón y aquí fue donde se desencadenó la leyenda que conocemos hoy en día.



Dicen que las casas donde se cuelga uno de estos originales arden en llamas y son fuente 
de misteriosos posterguéis y fenómenos extraños.


En una de las versiones de la leyenda urbana se cuenta que el primer cuadro que pintó 
Bruno, se quedó en el mismo orfanato de dónde era el niño retratado y que dicho orfanato 
ardió hasta los cimientos a los pocos días, todos murieron abrasados, incluso el propio niño 
que fue pintado por Amadio en el cuadro que, misteriosamente, fue el único objeto que no 
fue pasto de las llamas. De esto modo, el espíritu del niño quedó atrapado de algún modo 
en el lienzo que arrastraría la terrible maldición por el resto de los días.

Lo que si es cierto que su obra a estado estudio de numerosos Parapsicólogos 




video

Bruno Amadio regresó a Italia en la década de 1970 y se instaló en una villa de la ciudad 
de Padua. 
Hay quien afirmó que durante algún tiempo pintó cuadros para turistas en ésta ciudad y 
también en Florencia. En 1979 continuaba pintando, según testimonios.



Bruno Amadio falleció en Padua el 22 de septiembre de 1981.

Hasta pronto.